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El color que toman las nubes en algunos atardeceres son un espectáculo para los ojos. Ese efecto que nos regala la luz ocurre cuando los rayos solares llegan muy oblicuos teniendo que atravesar una mayor porción de atmósfera.
Allí la luz se difunde con las moléculas de hidrógeno, oxígeno, otros gases y polvo en suspensión. Con ello, la absorción disminuye los componentes azul y violeta de la luz, sobresaliendo la parte del espectro que corresponde al rojo y al amarillo.
En estas fotos que tomamos en el atardecer del 13 de febrero de 2012 sobre San Carlos de Bariloche, el dominante era el tono amarillo que teñian nubes de tipo cirrus y cirrustratus. Estas nubes están compuestas por leves cristales de hielo, promediando los 6000 metros de altura.
El resto, lo mágico del momento, no tiene explicación en palabras.






