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“Chingolo” Casalla, así le dicen, nació en Buenos Aires en 1921. Egresado de la Academia Nacional de Bellas Artes, dibujante de historietas, músico, pintor. Un artista de alma, apasionado por lo que hace. En marzo del 2000 editó una edición especial del Martín Fierro, con sus ilustraciones. Tío de Javier Casalla, violinista de Bajofondo. “Chingolo” es el creador de un personaje patagónico emblemático: el Cabo Savino y sus historias gauchescas.
La semana pasada, entre mates y anécdotas, recibió al equipo de Tiempo Patagónico en su casa, en San Carlos de Bariloche, para charlar y explicar cómo es, cómo se construye la vida de un grande.
Chingolo vive en Bariloche desde el año 1952. Dice que su amor por el arte nació desde chico. “Entré a la Academia de Bellas artes a los doce años, hice todo el curso y después el terciario. Siempre me gustaron las historietas y además vivo de eso”.
“Empecé a trabajar profesionalmente con la historieta en el año 51, para el diario La Razón y luego conseguí la efectividad en una editorial. Me dieron el carnet de periodista, trabajando en blanco, con aportes jubilatorios y conseguí la posición de colaborador permanente, que es la del tipo que labura en otro lado y manda el material”.
¿Las historietas que dibujaste siempre fueron históricas?
“No, la editorial es como en una orquesta, tenes que hacer lo que diga el director. Así que haciamos de todo. Allgunas veces había espacio para hacer los temas que a uno le gustan”.
Como, por ejemplo, los caballos…
“Claro. Hice en historieta, toda la historia del Turf argentino. Con todos los grandes padrillos, las grandes campeonas, los jockeys, por supuesto”.
¿En que te basabas para esos dibujos? ¿Hacías entrevistas?
“Era un trabajo rapidísimo. Me daban las fotos de los caballos, de los jockeys y todos los caballos eran diferentes, tienen rasgos personales. Con el dibujo había que lograr que la gente que conocía al animal lo reconociera en el dibujo, si era posible. Yo me basaba en fotos para dibujar, pero nunca fui al hipódromo, aunque lo dibuje unas 500 veces, con fotos de la parte arquitectónica”.
¿Habías estado antes en contacto con los caballos?, ¿De dónde nace tu amor por este animal?
“Si, en La Pampa. Yo viví en La Pampa los primeros años de mi niñez. De los cuatro a los diez años. Allí es cuando uno tiene mas contacto y a veces las cosas que lo rodean impresionan más. Te quedan más grabadas en la memoria. Te queda y aprendes a dibujarlo”.
¿Hay algún animal que te cueste dibujar?
Todos, jaja. Tengo que dibujar una gallina y ¡me vuelvo loco! Pero primero tengo que verla, ver la foto.
¿Pero el dibujo, en vos, es un don natural?
Sí. Yo me acuerdo que tendría seis, siete años y en La Pampa había un caballo que estaba atado, en la puerta de la casa. Era de un vecino. Entonces, yo empecé a dibujarle las manos, al otro día la pata de atrás, después la panza, el cogote más o menos lo calculaba. Así fui armando un animal, que después resultó ser el caballo. Los tipos que dibujan animales van a estar en contacto con ellos, al zoológico, por ejemplo. Después te queda grabado y te ayuda, siempre tenés que estar pensando en lo que estás haciendo. Yo he hecho toda clase de historietas, menos ciencia ficción.
¿Por algo en particular?
En la época, en la que yo estaba en plena actividad no se usaba mucho la ciencia ficción. Lo primero que vimos nosotros de ciencia ficción en el país fue El Eternauta, que es una ciencia ficción bien porteña, otra cosa. Pero la ciencia ficción, como se usa ahora con los ninjas y todos esos líos de los japoneses, no existía.
¿Y te gusta el anime, esa cosa japonesa?
No, no, no. Me gusta como técnica de dibujo, pero no como historieta. Nosotros inventamos la historieta hecha para la Argentina, porque aquí se leia “Flash Gordon”, “El principe valiente”, todas esas series de grandes trabajos internacionales que estaban escritos para otra gente. Eran historias de los tipos que siempre iban a la guerra y terminan con la mejor chica, tomando un whisky y mientras mataron a siete en todo el argumento. Por eso, hay que empezar a escribir para los tipos del barrio que van a leer la revista y no para los que estan en Londres. Escribir sobre lo que le pasa a la gente. Eso fue El Eternauta.
También estás muy relacionado con la música…
Sí, mi idea de chico era ser músico, pintor o dibujante. En la escuela de Bellas artes, te preparan para el arte, con muchas asignaturas, pero no para ser un artista. A mi me interesaba ir a dibujar, la forma de llegar al publico para mi era ilustrar un cuento, hacer una tapa de un libro, eso.
La música en esa época ayudaba mucho. Yo tocaba la batería y el bongó. Trabajé muchos años haciendo música. Me acuerdo que había un café en Suipacha y Corrientes, en Buenos Aires, donde nos reuníamos todos los músicos, donde se hacía la llamada caja de laburo. Ahí se decidía quién era el que iba a ir tocando la orquesta en un barco a la antartida, al mar, etc. Habia un movimiento de trabajo enorme. Yo iba para ver si podía ir a Mar del Plata, porque no conocíamos el mar. Nosotros de chicos siempre fuimos al campo.
¿Y fuiste al mar?
Y por suerte fui varias veces a Mar del Plata, tocando música. Fueron las primeras veces que fui a la playa, porque a mi me gustaba el campo.
¿Qué cosas te transmitía el campo?
La tranquilidad. Yo, como había estado de pibe ahí, capaz que necesitaba eso. Precisaba ver la llanura, lo liso, jaja. Aquí por ejemplo la extraño a la llanura. El campo es el campo, la gente vive de otra forma, piensa diferente, es lindo.
Hoy haces musica con La Chingolera, contame de esos encuentros…
Esos encuentros dependen de cuando viene mi sobrino Javier, que es el solista principal del grupo, que toca el violín. Cuando el viene tratamos de hacer algo y estamos todos con los brazos abiertos esperándolo.
Y todo Bariloche…
Si, a la gente le gusta mucho, porque transmitimos una idea de que no hay mucho ensayo. Y es cierto, es una cosa espontánea, parece que nos reunimos en el fondo de la casa para hacer música de domingos. Y lo logramos a ese clima.
¿Cuál es la próxima fecha de presentación?
Todavía no tenemos, pero te vamos a invitar. Ahora estamos grabando el segundo disco, así que no tenemos fecha fijada para tocar. Dependemos mucho de la distribución. Nosotros sacamos cuatro estrellas con el disco de La Chingolera, con la revista Rolling Stone, pero el disco no estaba en ningún lado. Mirá que detalle…

Chingolo te quería preguntar también, ¿cómo crees que impactó el tema de las cenizas en la sociedad barilochense?
Impactó mal. Impactó como tenía que ser, tipo desastre. No sé si es verdaderamente un desastre o no. También aquí siempre está la mala onda de que todos los principios de temporada pasa algo y es cierto. Si no hay un ratón que mata a la gente, hay una cucaracha que envenena a los chicos, algo pasa, alguna peste, alguna porquería que se nos está acercando. La gente tiene miedo. Además los precios de alquileres son tan exhorbitantes, que la gente que viene a instalarse y le pasa esto, es para disgustarse bastante. De arranque ya estás quebrado.

¿Es la primera vez que vivís algo así?
Yo vivi la ceniza brava en el 31, cuando era un niño. Tendría cinco años, en La Pampa. Un día nos despertamos todos y era de noche. Mi papá se dio cuenta de que no podía ser, que eran las nueve de la mañana y estaba todo oscuro y le empezó a agarrar pánico. Además debajo de la puerta se veía un manchón blanco como de talco. Mi papá decidió salir afuera a ver una perrita que teníamos, que había tenido cría y estaba debajo de una pileta en el patio. Entonces dijo, están vivos los cachorros, así que eso quiere decir que no te mata esto.
Pero ¡qué susto!
Sí, hubo gente que se suicidó, ese día en ese pueblo, durante ese día no hubo luz, ni radio, el tren no llegó. Fueron 24 hs de noche. No se sabía que hacer con eso. Era como un talco, y pasaban los autos y era una polvareda terrible. De todos modos, como éramos chicos, viste que los chicos se lo toman todo en farra, nos revolcábamos en el talco, jugábamos con eso, mi vieja nos retaba porque volvíamos todos blancos, la ropa, el pelo.
¿Estuvo muchos años dando vueltas la ceniza?
Si, estuvo muchisimo tiempo. Yo me acuerdo que se araba el campo y salían las franjas blancas de cenizas. Varios años. Seria en el 31, 32. Creo que era un volcán que estaba más cerca de Mendoza.

Evidentemente no era tóxica…
No, jeje, seguimos de largo, estamos vivos, pero era bravo.
Muchas gracias Chingolo.
Gracias a vos, espero que te haya servido.
Por Erica Sánchez
Fotografías: Daniela Liska, todos los derechos reservados
http://www.danielaliskablog.com





















maestrooooooooooooooo!!!! un gran abrazo chingolo, y a la hermosa carlota que tenés por ahi.
maestro del dibujo en serio, delineando sus caballos con gran seguridad de trazo. Y encima musico ¡¡¡¡ abrazo y admiracion.¡¡
Erika y Daniela!
Me gustó muchísimo la nota y las fotos publicadas.
Creo que han hecho un gran trabajo y les agradezco el tiempo empleado para lograr esa nota.
un beso grande a las dos, mejor uno para cada una!
Chingolo
Hola,
Sr. Casalla me gustaría comprar uno de sus dibujos. ¿Adónde me puedo dirigir? Mi familia tiene un dibujo suyo, y me gustaría tener uno propio.
Gracias,
Susana
Muchísimas gracias a vos Chingolo querido! Un beso enorme.